Cuenca despide con pesar al Señor Don Indio Manuel, personaje icónico del humor popular y la radio local, quien falleció a los 85 años. Su partida deja un profundo vacío entre generaciones de oyentes que, durante décadas, encontraron en su voz una pausa de alegría, picardía y sabiduría campesina. Su frase y su sonrisa quedarán grabadas en la memoria colectiva: “Indio puede ser cualquiera, pero Señor casi nadie…”, decía.
Detrás del personaje estuvo Humberto Bermeo, hombre sencillo y talentoso que convirtió su conocimiento del campo, su aguda observación de la vida rural y su carisma natural en un arte innato. Cada jueves bajaba desde “Pijospamba” a la feria para vender huevos a precios solidarios y, luego, visitaba Radio La Voz de Tomebamba, donde desde las 09h00 compartía un programa humorístico junto a Leonardo Guillén, con quien formó una dupla única e irrepetible. Sus historias sobre los animales, la familia y los vecinos del campo lograban, por un momento, hacer olvidar las preocupaciones diarias a miles de radioescuchas.
Antes de consolidarse en la radio, Bermeo transitó por la música —integró agrupaciones como el Trío Juvenil y el Trío Nacional— y trabajó en la joyería y la venta de vehículos usados, siempre con el objetivo de sacar adelante a su familia. El nacimiento del Señor Don Indio Manuel ocurrió cuando, retado por un amigo, llamó a la radio para hablar desde lo que conocía profundamente: la vida campesina. Durante un tiempo, muchos no supieron quién estaba detrás de la voz; el personaje se quedó en el aire y en el corazón de la gente.
Su motivación fue siempre una causa noble: ayudar a quienes atravesaban momentos difíciles. Realizó una labor social constante, convencido de que el bien se hace sin propaganda. Agradecido con Radio La Voz de Tomebamba y con Guillén por la oportunidad, afirmaba que su química era tan natural que no necesitaban ensayar.
Padre de cinco hijos, Don Indio Manuel defendía la unidad familiar y hablaba con cariño de su hogar. Observador incansable del campo y de los barrios populares de Cuenca, supo retratar la realidad con humor y respeto. En una de sus reflexiones finales, dejó una frase que hoy cobra especial sentido: “Tengo que morirme dos veces para recoger los pasos, porque he conocido tantos lugares bonitos de Cuenca, que ni sabía que existían”.
Cuenca honra su legado y agradece las risas, la humildad y la humanidad que Don Indio Manuel regaló durante toda una vida.





