Este 21 de Junio de 2021, se cumplen siete años del reconocimiento del Sistema Vial Andino o Qhapaq Ñan como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Dicha designación constituye uno de los pocos trabajos de cooperación regional, resultado de la coordinación de los equipos multidisciplinarios de los países de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
Este esfuerzo desembocó en una declaratoria que compromete a los estados vinculados a adoptar las medidas científicas, legales, administrativas y financieras para proteger este bien que constituye un paisaje cultural que requiere de una mejor lectura e interpretación.
El sistema vial andino/Qhapaq Ñan, representa un símbolo milenario como parte de los procesos de interacción entre los diferentes grupos sociales, territorios y culturas.
Este complejo sistema de caminos llego a comprender un total de 40000 kilómetros que conectaban los países sudamericanos previamente citados, constituyéndose en un elemento estratégico para la unificación, crecimiento y organización del imperio inca.
Así como también, materializaba importantes procesos de intercambio de saberes, tradiciones culturales, mercancías y comunicación entre los pueblos y diversos territorios.
El complejo vial , está conformado por 273 componentes distribuidos en 137 segmentos de la red de caminos, que abarcan diversas y variadas zonas geográficas con el mayor número de contrastes que van desde la región andina -algunos tramos llegan a los 6000 metros sobre nivel del mar- hasta el Océano Pacífico en la región costera.
El Qhapaq Ñan en el Ecuador
En el Ecuador el sistema vial andino, se conecta al norte con Colombia extendiéndose desde Rumichaca, provincia del Carchi, hasta la provincia de Loja al sur.
El cambio y transformación del paisaje cultural en torno a la red vial, presenta una serie de características al igual que importancia cultural asociada al conocimiento y manejo de la información relacionada con la cosmovisión andina que ha reflejado un pervivio cultural de tiempo y espacio.
Para su nominación, el Ecuador seleccionó 108,87 Kilómetros que corresponden a tramos binacionales y nacionales, vinculados con 49 sitios arqueológicos, 31 comunidades, en 22 secciones y 2 subtramos.
La evidencia material se encuentra en las provincias de Carchi, Imbabura, Pichincha, Chimborazo, Cañar, Azuay, Guayas y Loja.
Expectativa vs Realidad
El reconocimiento con el que cuenta este importante monumento a la comunicación de las comunidades prehispánicas e incas, no ha contado con el suficiente impacto en la región austral del Ecuador; en el cantón Cuenca aún es posible determinar la presencia de evidencias materiales del Qhapaq Ñan, en el trazado, en pisos empedrados y muros de contención pero éstos se han visto afectados, parcialmente colapsados y en otros sectores incluso se han destruido como en Cojitambo donde recientemente se destruyó un tramo de dicha red vial.
En las parroquias de Llacao y Sidcay del cantón Cuenca, las evidencias poco visibles sumadas a la inexistencia de campañas de enseñanza orientadas a los moradores, han restado importancia a los vestigios arqueológicos.
En Llacao, el registro de caminos prehispánicos (Ver Vargas 2011) en la zona de la meseta de Pachamama, han permitido determinar variadas características; están distribuidos en una extensión que conecta varios sectores tanto de Norte a Sur como de Este a Oeste.
El primer subtramo de camino atraviesa la meseta de Pachamama que a su vez comprende un sitio arqueológico, que comunica Tablamachay, Cruz de Zinin, Qhichul, Tulunjutu, Portete, Tablón, Chonta Cruz, cerro de Guabizhun.
Es posible reconocer a lo largo del mismo estructuras arquitectónicas, superficies aplanadas a manera de plataformas donde hasta hace algún tiempo atrás primaban restos cerámicos y líticos.
Otro de los tramos ligeramente visibles se localiza desde el pueblo de Llacao, por la falda de la meseta de Pachamama con un ancho de entre los 6 -10 metros, en dirección a El Calvario y la comunidad de Borma, trazado que cuenta con una plataforma de 2.80 metros a 3 metros de ancho.
No obstante, la expansión urbana acompañada por construcciones contemporáneas ha ocasionado la perdida de algunas partes, quedan tramos pequeños que aparecen esporádicamente, en ciertos lugares únicamente quedan como parte de la memoria oral como en el sector de La Caldera, este tramo asciende a la comunidad de Animaspamba en donde aparecen graderíos trabajados sobre la roca natural.
En el plano que acompaña al presente escrito las líneas rojas representan los tramos de Qhapaq Ñan y caminerías prehispánicas.

En Sidcay hay un tercer subtramo del camino que se encuentra en las estribaciones de lo que se conoce como el cerro de Guabizhun con dirección hacia el Norte; atraviesa un área de un kilómetro aproximadamente, el mismo que tiene una plataforma de canto rodado con dos muros de contención.
A la fecha se puede considerar a este fragmento como uno de los tramos mejor conservados pero que lastimosamente se encuentra en eminente peligro de destrucción.
La falta de conocimiento de las personas y sus propietarios, así como de las entidades de control y administración han fortalecido una cultura de desinterés hacia las evidencias arqueológicas existentes en el cantón.

Así, las ocupaciones de predios al interior de sitios arqueológicos multicomponentes están ocasionando pérdidas irreparables del patrimonio local, por ello es necesario generar un trabajo de estructura que ayude a repensar las herramientas y medios más acertados con el fin de que no se sigan agrediendo y destruyendo esta serie de espacios únicos, por la información con la que cuentan y que aún puede permitir generar trabajos científicos que nos ayuden a comprender nuestras raíces.
Por ende, el esfuerzo realizado entre los diversos países por los que atraviesa el Qhapaq Ñan, en sus inicios contó con alianzas estratégicas que permitieron acciones conjuntas para el manejo y conservación del patrimonio natural y cultural de la Red Regional.
Posiblemente es tiempo de que los países comprometidos realicen un proceso de valoración sobre los logros alcanzados a raíz del reconocimiento del Qhapaq Ñan como patrimonio Mundial.
Con ello se podría analizar y poner en una balanza los beneficios del proyecto de integración transnacional, conocer si se han cumplido con las expectativas para la salvaguarda del patrimonio natural y si las condiciones de vida de los habitantes han mejorado y que tan favorable ha resultado la declaratoria para que se reconozca y fortalezca la identidad de esta herencia para las futuras generaciones.
A primera vista los resultados no serán muy alentadores, pero podrán promover una visión más sesuda a fin de detener la perdida de este importante elemento patrimonial, piedra angular de nuestra historia arqueológica. (I)
COLABORACIÓN DE: JUAN PABLO VARGAS.





