La realidad política del Ecuador me lleva a recordar las preguntas de un grupo de jóvenes, que allá por el año 2004, buscaban romper con la forma tradicional de hacer política en el país. ¿Quién jodió al país?, ¿Qué harías tú para cambiarlo?
«La ruptura de los 25» (posteriormente un movimiento político) se denominaban.
Recuerdo que como parte de su proyecto, los representantes de «ruptura» en Cuenca, ubicaron una cámara filmadora junto a la Glorieta del Parque Calderón e invitaban a los transeúntes a que respondan las mencionadas preguntas.
Participé de aquel ejercicio y mi respuesta fue «todos…», me refería a todos los ciudadanos que, con su voto eligen a sus gobernantes.
Considero que desde el 2004 hasta la fecha, la situación política en Ecuador no ha cambiado.
Tenemos una Asamblea Nacional que cada día se desprestigia más, los «Papeles de Pandora» que involucran al presidente, revocatoria de un exalcalde de Quito, escándalos de corrupción, entre otros hechos.
Entonces, ¿Quién jodió al país?
Tal vez sí, fuimos y somos todos; y continuaremos haciéndolo si en lugar de elegir con la cabeza, nos dejamos llevar por las pasiones, por el número de lista, el color de la camiseta o por la cara del candidato.
Recordemos que estamos a un año y medio de las próximas elecciones seccionales para escoger Alcalde y Prefecto.
La gestión de los actuales, en el caso de Cuenca y Azuay, ha dejado mucho que desear, las quejas ciudadanas lo demuestran.
¿Qué hacer para cambiarlo?
Si no queremos volver a equivocarnos, hay que informarse, darse el tiempo necesario para investigar el perfil del candidato, de dónde viene, analizar su plan de trabajo y votar por propuestas.
¿Acaso en las elecciones de febrero de este año, entre los candidatos a asambleístas, no se presentaron figuras nuevas, jóvenes, capaces, con ganas de trabajar por sus mandantes?
Claro que sí y creo que opciones no faltaron.
Si candidatos no faltan, lo que aún sigue faltando es el interés para ejercer una verdadera política, que todos tomemos consciencia de la relevancia de los procesos democráticos, del cómo nos afectan, y así dejar de repetir y repetir los mismos errores. (O)





