La reforestación es una actividad esencial para lograr la recuperación de áreas degradadas, y de esta manera mejorar la provisión de oxígeno, captura de dióxido de carbono y brindar un hábitat adecuado para la diversidad.
Según el Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), en promedio se pierden 47497 hectáreas/año de bosque en el Ecuador, debido a actividades relacionadas con la producción agropecuaria, minería, explotación petrolera, el crecimiento poblacional y a desastres naturales como los incendios forestales. Mantener o recuperar la cobertura arbórea es vital para garantizar un funcionamiento pleno de los ecosistemas, que permita la continuidad de la provisión de servicios ambientales como la regulación hídrica, secuestro de carbono, entre otros, que son fundamentales para el bienestar humano.
Reforestar es la acción de sembrar plántulas de especies leñosas en áreas que previamente tenían cobertura forestal. Para esto, es necesaria una adecuada selección de especies a plantar. Quizá por costumbre o falta de conocimiento técnico, históricamente se han realizado actividades de reforestación con especies exóticas, en algunos casos provocando efectos negativos que limitan o impiden la recuperación de las áreas intervenidas.
Cada especie forestal tiene su importancia ecológica, pero es imprescindible que se consideren aquellas que son propias del lugar, que puedan proceder de fuentes semilleras del mismo sitio, aumentando de esta manera la probabilidad de éxito en la plantación. Son las especies nativas las que facilitan la restauración de un área perturbada, ya que atraen a organismos polinizadores y aves transportadoras de semillas, regulan el ciclo hidrológico y se adaptan de mejor manera.
Aunque existe evidencia que permite guiar la reforestación, persisten vacíos en la información para el contexto específico del Azuay. Si bien la reforestación consiste en la siembra de plantas, esta involucra otras actividades como: selección de especie(s), recolección de material para la propagación, establecimiento de viveros, transporte de plántulas, mano de obra para la plantación y monitoreo de la plantación. Si todas estas actividades se consideran en un programa de reforestación, cabría preguntarse ¿cuánto cuesta reforestar?
A través del proyecto “Reforestación de áreas degradadas por incendios forestales en el Área Protegida Comunitaria Tambillo” y la tesis “Evaluación de prácticas de siembra para la reforestación con Morella pubescens en zonas degradadas en el Área Protegida Comunitaria Tambillo”, se ha buscado responder a esta pregunta. Considerando diferentes escenarios, se ha determinado que dependiendo de la estrategia de plantación, los costos de reforestación podrían oscilar entre 3.770 y 13.603 dólares por hectárea. Si bien estos costos son particulares para el sitio y especies utilizadas, creemos que brindan información relevante para que tomadores de decisiones, consideren la complejidad de la reforestación y la importancia del monitoreo posterior de la misma.
El monitoreo de la plantación, tiene como objetivo evaluar el éxito de un programa de reforestación, a través de la generación de indicadores de sobrevivencia y desarrollo de las plantas. Solo a través de estos indicadores, que requieren algunos años, se podría determinar si un programa de reforestación ha sido exitoso o no. Es en esta fase en donde muchos proyectos de reforestación fracasan, ya que consideran que el fin de la reforestación es la siembra de plantas y no su sobrevivencia. Quizá es necesario cambiar la forma en la que medimos el éxito de estos programas, pasar de hablar de número de plantas entregadas o sembradas, a número de plantas que sobreviven después de un período de tiempo. Solo así, podremos medir la efectividad de nuestras acciones para alcanzar la recuperación de áreas degradadas y alcanzar la sostenibilidad.
Autores: Cristóbal Huertas Briones y Juan Pablo Iñamagua





