En Ecuador, donde la exposición a la radiación ultravioleta (UV) se mantiene alta durante todo el año, el cuidado de la piel se ha convertido en una prioridad de salud pública. Especialistas advierten que, si bien el uso de protector solar es fundamental, la alimentación también cumple un rol clave en la prevención del daño cutáneo
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV) es uno de los principales factores de riesgo prevenibles del cáncer de piel a nivel global. Esta realidad se refleja en el país debido a su ubicación sobre la línea ecuatorial, la altitud de varias de sus ciudades y la presencia de radiación solar constante incluso en días nublados. En este contexto, el índice UV puede alcanzar niveles de entre 8 y 10, considerados de alto a muy alto riesgo, lo que incrementa significativamente la probabilidad de daño en la piel si no se adoptan medidas de protección adecuadas.
El contexto climático actual refuerza esta necesidad. Según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), en estos días se prevé un cielo parcialmente nublado en distintas zonas del país, sin embargo, los niveles de radiación solar se mantienen elevados, evidenciando que la sensación térmica no siempre refleja el riesgo real de exposición. En este sentido, estudios respaldados por la Skin Cancer Foundation señalan que el uso diario de protector solar puede reducir el riesgo de melanoma hasta en un 50% y de otros tipos de cáncer cutáneo en aproximadamente un 40%.
Sin embargo, el cuidado de la piel no se limita a la protección externa. La alimentación también juega un rol clave en cómo la piel responde a la radiación solar. Mantener una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y frutos secos, fuentes de vitaminas como la C y E, así como de compuestos naturales presentes en alimentos de colores intensos, contribuye a fortalecer la piel y a reducir el impacto del daño causado por el sol.
A esto se suma la importancia de una adecuada hidratación y de hábitos saludables, ya que factores como la deshidratación, el consumo de alcohol o el tabaquismo pueden acelerar su deterioro. En conjunto, estos elementos refuerzan la protección diaria y contribuyen a una piel más saludable a largo plazo.
“Hoy entendemos que la piel no solo se cuida desde afuera. La alimentación ayuda a fortalecerla frente al daño solar, pero no sustituye el uso de protector solar, sino que lo complementa. En un entorno donde la radiación es constante, combinar ambos hábitos es clave para una protección efectiva y sostenida”, señaló la Nathalie Mora, asesora Científica de Laboratorios Millet.
En este escenario, expertos coinciden en que la prevención debe abordarse de forma integral: el uso diario de protector solar, reaplicado cada dos horas, junto con una alimentación equilibrada y rica en antioxidantes representa la estrategia más efectiva para proteger la piel y reducir riesgos a largo plazo.





