El desarrollo urbano en Quito y Ecuador vive un momento de expansión prometedor. Sin embargo, este crecimiento conlleva una responsabilidad técnica para garantizar que las nuevas estructuras no solo redefinan el perfil urbano, sino que ofrezcan condiciones óptimas frente a una región de alta actividad sísmica. En este contexto, la seguridad estructural deja de ser únicamente una cuestión de cumplimiento normativo para convertirse en una necesidad frente al riesgo sísmico actual.
Ecuador se encuentra en una zona geológica compleja que exige varios estándares de planificación y construcción. En Quito, esta realidad se suma a un desafío crítico, según cifras de la Cámara de la Industria de la Construcción (CAMICON), alrededor del 70% de las edificaciones de la capital se levantan bajo condiciones de informalidad. Esta realidad urbana incrementa drásticamente la vulnerabilidad, ya que los estudios técnicos del gremio advierten que hasta un 45% de estas estructuras informales podría colapsar ante un sismo de alta intensidad. En este contexto de alto riesgo, la construcción formal de macroproyectos tiene la obligación de construir en base a parámetros estandarizados para la seguridad de un edificio y quienes lo habitan.
Por ello, los grandes proyectos arquitectónicos, constructores y desarrolladores deben adoptar medidas que trasciendan el cumplimiento convencional. Esto supone estudiar las características del suelo y diseñar sistemas de cimentación adecuados a las condiciones del terreno, además de integrar una ingeniería estructural que permita a las edificaciones deformarse sin colapsar. A esto se suman sistemas de disipación de energía capaces de absorber y reducir el impacto de un movimiento sísmico.
Desde la experiencia de profesionales que han participado durante más de 25 años en el desarrollo de proyectos inmobiliarios en Ecuador, la evolución de la construcción también implica incorporar nuevos criterios de seguridad desde las primeras etapas de diseño. Jorge Calero, arquitecto y gerente general de KŌEN, señala que el sector debe asumir esta transformación como parte de una visión de largo plazo.
“El desafío para el sector inmobiliario siempre será avanzar hacia modelos de construcción funcionales, sostenibles y sismorresistentes desde las bases integrando un diseño estructural que, sin incluir aisladores o amortiguadores de última tecnología, logra disipar los movimientos sísmicos con alta eficiencia, todo esto, bajo el criterio de «columna fuerte – viga débil.” Destaca Jorge.
De esta manera, los proyectos diseñados con este sistema pueden absorber y repartir la energía sísmica mediante el daño controlado en las vigas, mientras las columnas permanecen en su rango elástico para mantener la estabilidad de la edificación. La aplicación de rigurosos criterios de alineación sísmica permite que el edificio se mueva de forma segura durante un evento telúrico intenso, limitando la afectación a daños reparables en su estructura.
Hoy en día, el debate para la industria subraya la urgencia de ir más allá del cumplimiento básico de la Normativa Ecuatoriana de la Construcción (NEC), por ello nace la urgencia de implementar ingenierías de vanguardia que protejan las estructuras y fortalezcan las edificaciones de las ciudades frente a futuras eventualidades.





