Semillas, huesos de animales domésticos, cerdas, plumas de aves, fundas de tierra, son entre otros los elementos que sobresalen en el enrejado que protege la Cueva del Señor de Belén.

La sagrada imagen está enclavada en una de las paredes de la colina de Turi, que es el mirador natural de Cuenca. Se accede por una escalinata situada a un costado de la plaza central de la parroquia.

Enzo Amato, párroco de Turi, relató que la imagen de Cristo Crucificado es tallada en piedra y venerada en diciembre y enero de cada año, principalmente por indígenas de Biblián, Suscal, Azogues, el Tambo y otras comunidades indígenas de la provincia del Cañar.

El sacerdote comentó que la loma de Turi es un santuario natural para los pueblos aborígenes, sostiene que las creencias de los pueblos indígenas se unen con la fe católica, por ello los campesinos sienten al Dios cristiano tan cerca de sus tradiciones y por eso la devoción al Señor de Belén.

Relató que durante las visitas los campesinos traen tierra de sus parcelas, semillas que cultivan en sus campos, huesos y pelaje de animales que crían en sus corrales, para pedir a Dios que bendiga sus campos; además, colocan fotografías familiares que están o viajan a los Estados Unidos, para pedir protección divina.

Refirió que los devotos así como traen productos del campo, llevan tierra que extraen con sus manos del cerro que lo consideran sagrado, con la fe y la esperanza de que el Señor bendiga sus cultivos.
LEYENDAS
La tradición dice, que en un mes de diciembre unos niños jugaban en una fuente de agua y ahí se apareció un niño que jugaba con ellos, lo que fue interpretado que una Divinidad compartía con la gente; de ahí nació la devoción al Señor de Belén.

Una publicación del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares, Cidap, refiere que según la leyenda, hace más de 100 años, unos niños que jugaban en la cueva encontraron un crucifijo, por lo que se lo relaciona con el nacimiento del Niño Jesús en el pueblo de Belén. Ahora esa imagen está en la iglesia matriz de Turi, como símbolo de fe de sus pobladores.

Varias publicaciones en revistas y periódicos coinciden en anotar que la escultura del Señor de Belén está tallada en piedra extraía del cerro Cojitambo y que la imagen tiene rasgos indígenas, con las llagas de sus rodillas semejantes dos soles.

Según la leyenda, cuando la imagen fue encontrada en el cerro la quisieron llevar a la Catedral, ubicada en el centro de Cuenca, pero Dios no lo permitió e hizo que se convirtiera en piedra para que Turi le rinda culto.

Complementan el símbolo religioso, una figura en forma de vasija y un rondador, colocados a los pies de Cristo Crucificado, que tiene la particularidad de que está unido a la cruz con cuatro clavos, uno en cada pie y en cada mano, a diferencia de los tradicionales crucifijos que tienen tres clavos.

El sacerdote Enzo Amato, sostiene que lo importante es que Turi se ha convertido en un punto de encuentro de los pueblos con diferentes culturas, para invocar al Ser Supremo por días mejores, especialmente es esta ocasión que la pandemia Covid-19, azota a la humanidad. (I)





