Las vacunas son una herramienta comprobada para prevenir enfermedades graves, protegiendo de manera segura a cientos de millones de personas cada año. De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), actualmente contamos con vacunas para prevenir más de 30 enfermedades e infecciones potencialmente mortales, lo que permite a personas de todas las edades vivir más y mejor.
La inmunización previene entre 3,5 y 5 millones de muertes cada año por enfermedades como difteria, tétanos, tosferina, influenza y sarampión. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un aumento de casos de enfermedades prevenibles por vacunación, asociado a brechas en la cobertura, lo que evidencia la necesidad de reforzar los esquemas de inmunización.
Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, (CDC por sus siglas en inglés), manifiestan que, por cada dólar invertido en inmunización, se ahorran 52 dólares en países de ingresos bajos y medianos. El costo de vacunar completamente a un niño en países de bajos ingresos es de apenas 18 dólares. Por ello las decisiones de las familias de vacunar a sus hijos, junto con el compromiso del personal de salud por llegar a cada niño, contribuyen no solo a una mejora del 40% en la supervivencia infantil, sino también a prevenir que decenas de millones de niños presenten algún tipo de discapacidad a largo plazo.
Inmunización a lo largo de la vida
En un contexto de cambio demográfico, donde hoy existen más personas mayores de 65 años que niños menores de 5 años, la vacunación cobra un rol clave a lo largo de toda la vida. A medida que envejecemos, el sistema inmunológico se debilita —un proceso conocido como inmunosenescencia—, aumentando la vulnerabilidad frente a enfermedades, incluso aquellas frente a las que ya se había desarrollado protección. En este escenario, el enfoque de Curso de Vida desarrollado por la OPS (Organización Panamericana de la Salud), propone mantener los esquemas de vacunación al día en todas las etapas, como una de las estrategias más efectivas para prevenir enfermedades y proteger la salud individual y colectiva.
Este enfoque incluye momentos clave en los que la vacunación es especialmente relevante, como el embarazo. En esta etapa, la inmunización es una de las estrategias más efectivas para proteger tanto a la madre como al recién nacido. Según los CDC, los anticuerpos que las madres desarrollan en respuesta a estas vacunas no solo las protegen a ellas, sino que también atraviesan la placenta y ayudan a proteger a sus bebés contra enfermedades graves en las primeras etapas de vida.
Vacunación infantil en el Ecuador
Según reportes de 2025 de la Subsecretaría de Vigilancia, Prevención y Control de la Salud del Ecuador, los esfuerzos de inmunización en el país han permitido reducir en más del 90% la incidencia de enfermedades prevenibles por vacunación (EPV) y disminuir hasta en un 50% la mortalidad infantil.
En este contexto, enfermedades como la tos ferina (pertussis), particularmente grave en lactantes menores de 12 meses, y el rotavirus —una de las principales causas de diarrea severa en niños pequeños— evidencian la importancia de la vacunación oportuna. Por ello, la OMS recomienda su inclusión en los programas nacionales de inmunización. En Ecuador, ambas vacunas forman parte del esquema regular.
A pesar de los esfuerzos, es preocupante como, según Unicef, los brotes de enfermedades prevenibles con vacunas están en aumento en todo el mundo; entre otras, por causa de la desinformación. Al mismo tiempo, diferentes enfermedades que parecían controladas – e incluso casi erradicadas en muchos países—, podrían volver a resurgir. UNICEF, la OMS y la Alianza por las Vacunas, hacen un llamado para reforzar el apoyo a la inmunización.





