Con la imposición de la ceniza, el pueblo católico se prepara para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús, representados en la Semana Santa.
En el patio del convento del Santísimo Rosario, de la iglesia de Santo Domingo, situada en el Centro histórico de Cuenca, Elsa Cordero y Blanca Nivelo, preparan la ceniza que será impartida este Miércoles de Ceniza.
Explicaron que la ceniza se obtiene de la quema de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, y objetos que los sacerdotes utilizan en las eucaristías, pero que por el paso de los años se deterioraron.
Según la religión católica, la ceniza es un símbolo de humildad, que le recuerda al cristiano su origen y su fin: «Dios formó al hombre con polvo de la tierra» (Génesis 2,7); «hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho» (Génesis 3,19).
La bendición de las cenizas, como todo acto sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o un diácono. Las cenizas son impuestas en la frente en forma de cruz, mientras el ministro dice las palabras bíblicas: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”, o “Conviértete y cree en el Evangelio”.
Quien recibe las cenizas debe retirarse en silencio y meditando la frase o invitación que la acaban de hacer el sacerdote y prepararse espiritualmente durante la Cuaresma, para la Semana Santa.
En esta ocasión, por la pandemia Cvid-19, el acceso a los templos serán limitados y se pide a los files utilizar mascarilla y guardar distanciamiento.
La tradición católica destaca que en el Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia para los mayores de 18 años y menores de 60 años, al igual que todos los viernes de Cuaresma. (I)






