Ante los cambios de la sociedad moderna, pareciera existir un apoyo casi unánime a la premisa de que la Educación no puede quedarse atrás, que debe adaptarse y responder a estas nuevas necesidades. Sin embargo, y a pesar la vertiginosidad de estos cambios, la Educación debe más bien llamar la reflexión; la Academia debe preguntarse si los cambios son verdaderamente provechosos, quién los impulsa, y a quién pueden beneficiar realmente.
Para la Educación misma, la importancia de esta reflexión crítica radica en que puede prevenir la adopción de cambios y corrientes metodológicas, que a pesar de sus aparentes beneficios – aceptados sin discusión por la popularidad del cambio – no cuentan con una base científica confiable. Un ejemplo de esta situación lo constituyen los Estilos de Aprendizaje, a través de los cuales se pide a los docentes generar experiencias de aprendizaje que atiendan a la especificidad individual con la que personas visuales, auditivas, lecto-escritoras y kinestésicas aprenden. La premisa es intuitivamente atractiva y no invita a la disputa; no obstante, aceptarla sin una reflexión adecuada puede generar conflictos entre el cómo se enseña y la naturaleza misma del conocimiento, al tiempo que contribuye a la construcción de barreras emocionales en contra de áreas de conocimiento y temas específicos.

Es necesario indicar que la evidencia empírica no apoya los postulados de los Estilos de Aprendizaje. Los estudios que parecen hacerlo son de carácter experiencial y narrativo, lo que, en sí mismo, no los invalida si se acepta la imposibilidad de generalización de resultados en este tipo de investigaciones. Por otro lado, los estudios con diseños de investigación experimentales sólidos no han encontrado correlación entre el desempeño y la manera de presentar y construir los conocimientos. Las diferencias identificadas más bien se relacionan con las características de las asignaturas y/o las vivencias individuales de los estudiantes con una determinada experiencia de aprendizaje.

Ante esta situación, es importante recalcar lo que la evidencia empírica sí ha demostrado: la importancia y beneficios de la presentación multimodal de contenidos, que atiende a la naturaleza de las áreas del conocimiento, dentro de procesos en los que el conocimiento se construye – no imparte – colaborativamente, generando aprendizajes significativos, i.e., creando nuevos significados propios y útiles para el estudiante.
Autores: Juan José Santillán I. y Juan Carlos Calle A.





