Una figura con cabeza multicolor con cuernos, ojos grandes, nariz pronunciada, que viste un zamarro de cuero de borrego, un poncho negro y una guitarra que pende del cuello, resalta en el portal de San Francisco, ubicado en la calle Padre Aguirre, entre Presidente Córdova y Juan Jaramillo, en el Centro Histórico de Cuenca.
La figura representa al Diablo Huma, personaje principal de la fiesta andina del Inti Raymi, que tiene un importante significado espiritual para las comunidades indígenas que se congregan en lugares sagrados para agradecer a la Pachamama por las cosechas.
Este personaje es el atractivo que Luis Humberto Vinueza, oriundo de Otavalo, tiene en la puerta de su local de venta de trajes típicos, para atraer a los turistas nacionales y extranjeros.
Vinueza cuenta que el Diablo Huma aparece simbólicamente en junio, para los rituales relacionados con las cosechas y los festejos de San Pablo, San Juan y San Pedro; señala que en la actualidad tiene un carácter folclórico para promover el turismo.
Luis Humberto detalla que las máscaras son confeccionadas con hilo de lana de borrego, tinturadas de varios colores con semillas de vegetales y es la prenda preferida por los extranjeros, para llevar como un recuerdo de las tradiciones de los pueblos indígenas del Ecuador.

El precio varía entre 15 y 55 dólares, dependiendo de la cantidad de adornos y el tipo de materiales utilizados para la confección.
Tradición
Un estudio del Ministerio de Turismo refiere que el Diablo Huma es un ser de las leyendas indígenas de Ecuador, que significa «cabeza de diablo», que según la tradición, inicialmente no fue reconocido como diablo sino sólo como haya o aya.
El nombre de diablo se asignó en el proceso de la conquista española para sembrar en la cultura indígena temor por celebrar fiestas en honor a los dioses de la naturaleza como el Sol, la Luna y la Pachamama.
Con el tiempo su nombre se transmitió a la largo de los siglos como Diablo Huma. Sin embargo, su significado trasciende el mal, connotación de la religión española, porque su función en el día de celebración máxima (22 de junio) es reunir la buena energía y ser la conexión entre el cosmos y la vida terrenal.
El orden cósmico llega a la fiesta del Inti Raymi con el Aya Uma o Diablo Huma, que ahuyenta a los demonios que rondan entre las cosechas.
Baños de purificación y renovación realiza el Aya Uma, quien, bajo las cascadas de la región Andina, adquiere el poder espiritual de la naturaleza necesario para luchar contra las protervas energías.
En la fiesta, el Diablo Huma danza en tres tiempos para conectarse con la Tierra, el Sol y la Luna. El hombre que lo representa se convierte en un ser espiritual que rompe el mito para trascender a la realidad y encarna las energías de las deidades.
Su atuendo se compone de una máscara de colores y dos caras. Muestra la dualidad del cosmos (el bien y el mal, el sol y la luna, lo bueno y lo malo, el día y la noche, el futuro y el presente, el norte y el sur). Asimismo, tiene cabellos que simbolizan la sabiduría, así como para la flor del maíz.
También se admira en su máscara cuatro tipos de orejas que hacen referencia a las cuatro direcciones y los cuatro elementos de la naturaleza el aire, agua, fuego y tierra, según varios documentos históricos.
Así también, su atuendo se compone de un látigo, símbolo de poder y autoridad. Sus piernas se cubren de un zamarro elaborado con diferentes pieles de animal, para guiar a quienes participan en la fiesta del Inti Raymi. En algunas comunidades indígenas, el Diablo Huma entona instrumentos de viento, mientras danzan al ritmo de tambores, guitarras y cantos de mujeres indígenas. (I)









