La hipertensión arterial conforma una de las epidemias más prevalentes de nuestro medio. Consiste en un aumento anormal de la fuerza ejercida contra las paredes arteriales donde circula continuamente la sangre para ser llevada a todo nuestro cuerpo. Esta es una entidad patológica que sin un adecuado control puede causar muchas complicaciones a la salud, tanto a mediano como largo plazo. El problema epidemiológico radica en que un significativo porcentaje de la población desconoce poseerla, y otra, a pesar de conocerla, no alcanza el objetivo terapéutico, lo que se denomina hipertensión no controlada.
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica, no transmisible y asintomática, lo que evita muchas veces que el paciente sea consciente de padecerla. Es definida como una presión arterial sistólica ≥140mmHg y diastólica ≥90mmHg, sostenida en al menos dos consultas diferentes. Conforma el factor de riesgo modificable más importante de enfermedad cardiovascular y de morbilidad como mortalidad.
En Ecuador, una de cada cinco personas entre 18 y 65 años tiene hipertensión arterial. Su prevalencia aumenta con la edad, en mayores de 65 años llega a ser alrededor del 40%. A pesar de ello, se estima que apenas unas de cada cuatro personas hipertensas mantienen valores controlados de presión arterial debido a que el 45,2% de las personas hipertensas desconoce su enfermedad, el 12,6%, a pesar de conocerla, no toma medicación y el 16,2% no alcanza los objetivos terapéuticos a pesar de tomar medicación. Esta condición a largo plazo se relaciona con alto riesgo para sufrir eventos cardiovasculares y con ello el 45% de las muertes asociadas.
Las consecuencias de su falta de control son múltiples y las dividiremos según el tiempo de evolución:
A mediano plazo suelen asociarse con progresión de la hipertensión a estadios más graves, desarrollo de crisis hipertensivas, aumento de rigidez vascular, presencia hipertrofia ventricular izquierda, microalbuminuria, y preeclampsia en el embarazo.

A largo plazo aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares con alta mortalidad como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, angina estable. Además de complicaciones como insuficiencia cardiaca, enfermedad renal crónica, aneurisma arterial, enfermedad vascular periférica, retinopatía hipertensiva, deterioro cognitivo, demencia y finalmente la muerte.
Añadido esto, la sola existencia de esta patología aumenta el riesgo de ser admitido en un hospital ante un evento de salud, aumento de costo económico en su tratamiento y empeoramiento del pronóstico de vida. Son múltiples patologías con gran impacto que reducen significativamente los años de calidad de vida.
El problema de fondo representa una pobre detección y seguimiento por parte del sistema de salud, y por otra parte un desconocimiento de la importancia del cuidado por parte del paciente. Por parte del sistema se requiere una prescripción del medicamento y dosis correcta. A nivel del paciente, se requiere un adecuado seguimiento al tratamiento farmacológico y a las recomendaciones de cambio de estilo de vida, ya que se ha identificado que menos del 50% lo hacen.
Para concluir, la hipertensión arterial conforma una entidad muy prevalente en nuestro medio, y aunque es asintomática en la mayoría de casos, la falta de control a largo plazo aumenta el riesgo de sufrir complicaciones graves que aumentan la morbilidad y mortalidad en los pacientes. Un trabajo participativo entre médico-paciente permitirá controlarla oportunamente para detener esta epidemia.
Texto: Diego Andrés Córdova Reyes.





