Falta poco para que empiece la Copa Mundial de la FIFA 2026 y en Ecuador ya comienza a sentirse ese ambiente que aparece cada cuatro años y transforma por completo la rutina del país. No hace falta que ruede el balón para notarlo: las conversaciones sobre fútbol vuelven a las oficinas, los grupos de WhatsApp empiezan a hablar de convocados y horarios, y muchas familias ya piensan dónde verán el primer partido.
Pero el Mundial, desde hace tiempo, dejó de vivirse únicamente en la cancha. Hoy se vive, sobre todo, en la casa. Un estudio regional de Worldpanel by Numerator, publicado este año, revela que el 86% de las personas en América Latina planea ver los partidos desde el hogar, consolidando a las reuniones familiares y entre amigos como el centro de la experiencia mundialista.
Y en Ecuador, eso tiene un significado especial. Porque aquí el fútbol rara vez se mira solo. Cada Mundial termina convirtiéndose en una especie de ritual colectivo: alguien llega temprano “para no salar el partido”, otro aparece con la camiseta de la suerte, y otro se encomienda a los santos para bendecir al equipo, mientras la mesa empieza a llenarse de picadas, chifles (hay nuevas opciones con sabor a queso manaba y sabor a ceviche), totopos naturales, ajíes para todos los gustos, dips y queso cheddar OLÉ para acompañar los noventa minutos. Más allá del resultado, lo importante termina siendo el momento compartido.
La relación entre fútbol y consumo también empieza a mover cifras importantes. Un informe internacional de Circana, publicado en 2024 sobre hábitos de consumo durante grandes eventos deportivos, identificó que más de un tercio de los aficionados incrementa la compra de aperitivos como snacks para compartir y que uno de cada cuatro consumidores prefiere pedir comida para reuniones grupales durante este tipo de encuentros.
La tendencia no sorprende. En eventos como el Mundial, el fenómeno social y cultural aumenta y la comida deja de ser un complemento y pasa a formar parte de la experiencia. La picada improvisada como los chifles, el ají sobre la mesa o los nachos con queso cheddar compartidos entre amigos terminan siendo tan parte del partido como el himno o los goles.
En Ecuador, además, el Mundial tiene una conexión emocional difícil de explicar desde las estadísticas. Todavía hay generaciones que recuerdan exactamente dónde estaban cuando la Tricolor jugó su primer mundial y Edison Méndez anotó frente a Croacia en Korea y Japón 2002, entregando al país la primera victoria en mundiales, o cuando la selección logró clasificar a octavos de final en Alemania 2006.
Más recientemente, el doblete de Enner Valencia en Qatar y la primera victoria de la historia de los mundiales ante la selección anfitriona, o el remate que Gonzalo Plata estrelló en el horizontal en el partido ante Países Bajos, que pudo significar la clasificación a la siguiente ronda. Todos estos momentos reunieron a familias enteras frente al televisor, paralizando oficinas, restaurantes y hasta calles enteras durante noventa minutos.
“La forma de vivir el fútbol cambió muchísimo en los últimos años. Hoy las personas valoran más la experiencia de reunirse, hacer parrilladas o tener a la mano picadas o snacks, compartir y disfrutar el partido desde casa. El Mundial termina convirtiéndose en un momento de conexión emocional y nosotros contribuimos a ese momento de alto impacto y pasión”, explica Galo Pailacho, gerente de Negocios e Innovación de Productos OLÉ.
La expectativa alrededor de esta edición también tiene una dimensión histórica. El Mundial 2026 será el más grande realizado hasta ahora, con 48 selecciones y 104 partidos distribuidos entre Estados Unidos, Canadá y México, lo que proyecta un impacto récord en audiencias, consumo y movimiento económico.
Mientras llega el 11 de junio, fecha en la que arrancará oficialmente el torneo, Ecuador vuelve a prepararse para uno de esos pocos eventos capaces de unir generaciones enteras alrededor de una pantalla. Porque aquí el Mundial no solo se juega en los estadios. También se juega en la sala de la casa, en las conversaciones antes del partido y en esas pequeñas costumbres que hacen que el fútbol se sienta mucho más cercano.





