La justicia lingüística en la academia puede entenderse como la búsqueda de condiciones más equitativas para que distintas lenguas convivan sin que la hegemonía de una erosione las tradiciones discursivas y epistemológicas de otras. Esto implica reconocer que la dominancia del inglés y ciertas prácticas de traducción pueden reproducir desigualdades en la producción y circulación del conocimiento. Al mismo tiempo, invita a promover una formación crítica que permita cuestionar estos desequilibrios sin desconocer las dinámicas reales del campo académico. Incluso dentro del propio inglés, la justicia lingüística también cuestiona cómo la academia suele privilegiar una sola variedad considerada estándar, dejando poco espacio para otras formas de expresión utilizadas por comunidades racializadas y grupos históricamente excluidos.
Hablar de justicia lingüística en la academia es reconocer algo simple, pero profundamente político: la lengua no es únicamente un medio para comunicar resultados, sino el espacio donde el conocimiento se produce, se valida y circula. No es un canal neutro. Cuando una lengua domina, también se amplifican ciertas voces mientras otras quedan en posiciones marginales. Desde esta perspectiva, las lenguas pueden entenderse como puentes para el diálogo y la convivencia. Lo común, entonces, no debería significar que todos escribamos únicamente en la lengua o variedad de mayor prestigio, sino que podamos participar en un espacio académico verdaderamente multilingüe.
En la práctica, sin embargo, el inglés se ha consolidado como un filtro casi obligatorio de legitimidad científica. No es raro encontrar artículos rechazados por no estar escritos en inglés, investigaciones locales con menor visibilidad o la idea extendida de que únicamente aquello publicado en inglés es validado académicamente. Esta situación no solo influye en quién puede publicar o acceder al conocimiento con mayor facilidad, sino también en qué temas logran posicionarse como relevantes y cuáles quedan relegados.
Un ejemplo claro se observa en el estudio de las problemáticas sociales digitales en Ecuador. Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y X forman parte de la vida cotidiana e influyen en la participación política, la construcción de identidades, la circulación de información y también en la desinformación. Analizar fenómenos como la viralización de contenidos, la violencia digital o la difusión de noticias falsas resulta clave para comprender los cambios sociales y culturales que atraviesa el país. Precisamente por tratarse de problemáticas que afectan directamente a la sociedad ecuatoriana, sería esperable que gran parte de estas investigaciones circulen y se publiquen en español, la lengua en la que estos debates pueden dialogar de forma más directa con la comunidad.
Este ejemplo presenta datos comparativos de la búsqueda de estos términos en inglés y en español en la base de datos académicas Scopus, una de las más reconocidas a nivel mundial, utilizada para indexar revistas científicas de alto impacto y medir productividad e internacionalización.
Búsqueda por área del conocimiento

Los datos de bases académicas como Scopus muestran que la mayoría de las búsquedas y publicaciones sobre estos temas se realizan en inglés, muy por encima del español y de otras lenguas casi invisibles. Esta diferencia evidencia el lugar central que ocupa esta lengua en la academia, pero también revela una tensión importante: temas profundamente locales terminan circulando principalmente en una lengua que no siempre facilita su apropiación social.
Búsqueda por lengua en la que se publicaron artículos con los términos

Por ello, la justicia lingüística no propone reemplazar una lengua por otra, sino ampliar las posibilidades de circulación del conocimiento. El inglés probablemente mantendrá su función internacional; sin embargo, en contextos como el ecuatoriano, promover mayores oportunidades de publicación en español puede fortalecer el debate público y ampliar el impacto social de la investigación.
Autores:
Cynthia Hidalgo Camacho – Universidad de Cuenca y
Carlos Martínez Bonilla – Universidad Técnica de Ambato





