Al conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental, cada 10 de octubre, tenemos una oportunidad para reflexionar sobre el cuidado de la salud mental en todas las etapas de la vida. Como bien afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es un estado de bienestar que permite a la persona realizar sus propias capacidades, afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. Asimismo, considera que “no existe salud sin salud mental”.
Avances recientes en esta línea nos convocan a reconocer que existen procesos de determinación social como: el acceso a educación, el empleo, la vivienda, el entorno social, la discapacidad, las condiciones físicas y ambientales; que tienen un impacto profundo en la salud mental de las personas sin distinción de edad o género.
Sin embargo, se reconocen globalmente algunos grupos más vulnerables, entre ellos las personas adultas mayores, quienes en esta etapa de la vida pueden enfrentar situaciones de soledad, pérdida de redes sociales, enfermedades crónicas o duelos.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que al menos uno de cada cuatro adultos mayores presenta algún trastorno mental, y que el acceso a servicios de apoyo sigue siendo limitado en América Latina. Por tanto, promover la salud mental no es exclusivamente un reto sanitario: es también un desafío de justicia social que nos convoca a unir esfuerzos desde distintas disciplinas.

En países europeos, la promoción de la salud mental ha sido asumida como un componente esencial de la salud pública. En Reino Unido, España o los países nórdicos, se promueven políticas que integran la prescripción social, una estrategia mediante la cual los sistemas de salud derivan a las personas hacia actividades culturales y comunitarias; reconociendo que la conexión social y el sentido de pertenencia son determinantes claves del bienestar y la promoción de la salud.
Estas actividades o intervenciones grupales y comunitarias han demostrado que cuidar la mente está estrechamente ligado al fortalecimiento de vínculos, creación de entornos solidarios y fomento de la participación activa.

Nutridos por esos aprendizajes e incorporando a la naturaleza como factor de innovación, la Universidad de Cuenca, a través del proyecto de investigación RECETAS, trabaja en la promoción de la salud mental de personas adultas mayores por medio de la Prescripción Social Basada en la Naturaleza.
RECETAS adopta y adapta buenas prácticas internacionales para probar su impacto en el alivio de la soledad, entendida como “antesala” de problemas de salud mental.
Además de las intervenciones con la metodología Amigos en la Naturaleza, el proyecto ha generado espacios de difusión y reflexión sobre temas clave como la soledad y el aislamiento social, la prescripción social, los entornos construidos y la salud, la relación entre naturaleza y bienestar, y la prescripción de arte.
Estos espacios, denominados: Encuentro RECETAS para la soledad, han celebrado tres ediciones (2023, 2024 y 2025), convocando a más de cien participantes por evento, entre académicos, profesionales de la salud, investigadores, estudiantes, líderes de grupos vinculados a la atención de personas mayores y representantes de instituciones públicas locales y nacionales.
Autoras: Silvana Vintimilla Andrade y Gabriela García Vélez





