El sonido de una guitarra naciendo entre las manos de un artesano, el delicado tejido de un sombrero de paja toquilla y el aroma irresistible de una tortilla recién salida del tiesto convierten a San Bartolomé en un destino donde la cultura no se observa, se vive. A tan solo una hora de Cuenca, esta parroquia del cantón Sígsig continúa conquistando a quienes buscan experiencias auténticas, cargadas de historia, identidad y tradición.
La Prefectura del Azuay, a través de la plataforma digital Visit Azuay, mantiene activa una agenda de recorridos turísticos gratuitos que promueven los atractivos culturales, gastronómicos y patrimoniales de la provincia. Este fin de semana, decenas de visitantes nacionales y extranjeros participaron en la tradicional “Ruta de las Guitarras”, una experiencia que permite descubrir los tesoros mejor conservados de San Bartolomé, conocida también como la tierra de las “Curvas Perfectas”.
Uno de los momentos más especiales del recorrido fue la visita a los talleres de los maestros luthiers, guardianes de un oficio que ha dado prestigio a esta parroquia dentro y fuera del país. Entre maderas cuidadosamente seleccionadas, herramientas de precisión y técnicas heredadas de generación en generación, los visitantes conocieron el proceso artesanal que transforma simples piezas de madera en instrumentos capaces de transmitir emociones y preservar la identidad cultural de la comunidad.

La ruta también abrió las puertas al trabajo silencioso y admirable de las mujeres artesanas que elaboran sombreros de paja toquilla. Con paciencia, habilidad y dedicación, sus manos convierten fibras naturales en verdaderas obras de arte que representan una de las expresiones más emblemáticas del patrimonio cultural ecuatoriano.
Pero San Bartolomé no solo enamora por sus artesanías. Su gastronomía constituye otro de los grandes atractivos del recorrido. Las tradicionales tortillas de maíz y choclo, acompañadas de café pasado, chocolate caliente o morocho, deleitaron a los asistentes, quienes encontraron en cada bocado una conexión directa con los saberes y sabores ancestrales que han dado fama a esta tierra.
Para el prefecto del Azuay, Jota Lloret Valdivieso, estas iniciativas permiten fortalecer la promoción turística de la provincia, dinamizar la economía local y visibilizar el trabajo de artesanos, emprendedores y productores que mantienen vivas las tradiciones de sus comunidades. “Cada visita representa una oportunidad para valorar nuestro patrimonio, apoyar a quienes preservan estos conocimientos y mostrar al mundo la riqueza cultural que posee el Azuay”, destacó.

San Bartolomé demuestra que el turismo va más allá de recorrer paisajes. Es una invitación a escuchar historias, conocer oficios ancestrales y descubrir el alma de un pueblo que ha encontrado en sus guitarras, sus sombreros y su gastronomía una forma de preservar su identidad y compartirla con quienes llegan a conocerla.





