Temo por mi vida y por mi integridad física», expresó José Serrano desde la cárcel del Encuentro, donde se encuentra desde el pasado domingo 30 de agosto de 2026.
«Escribo estas palabras desde la cárcel de máxima seguridad El Encuentro, donde permanezco bajo custodia del Estado ecuatoriano. No fui extraditado por el caso Villavicencio. Fui deportado desde Estados Unidos por un procedimiento migratorio. Sin embargo, antes de que llegar al Ecuador, el Presidente de la República ya publicaba fotografías mías bajo custodia estadounidense y anunciaba cuál sería mi destino: El Encuentro», relata en el posteo.
Mientras yo todavía era trasladado hacia Ecuador, el 28 de agosto a las 21h32, Fiscalía solicitó judicialmente mi boleta de encarcelamiento y dejó escrito que lo hacía para ejecutar la prisión preventiva “en legal y debida forma”. Exijo: Que exhiban la boleta con la que ingresé a El Encuentro, su fecha y su hora.
Si aún no había sido emitida, correspondía mantenerme bajo custodia mientras se cumplía el procedimiento judicial. ¿Quién decidió no esperar? ¿Quién dispuso mi traslado? ¿Cómo conocía el Presidente mi destino penitenciario antes de que yo siquiera llegara al país? Desde que ingresé a El Encuentro no recibo un trato compatible con la dignidad de un ser humano. No tengo acceso al agua potable. No me entregan papel higiénico, jabón, pasta dental ni toalla. Me obligan a comer en aproximadamente 60 segundos. Me insultan, me dicen que no soy nadie y que soy una basura. No veo la luz del sol. No puedo leer.
He solicitado mis medicamentos y atención médica. He pedido acudir al dispensario. No me permiten hacerlo. He pedido ayuda aun cuando las cámaras registran lo que sucede y nadie acude. Denuncio además: Me golpean las uñas. Quiero que un médico independiente examine inmediatamente mis manos y determine qué me han hecho. También me obligan a arrodillarme para tomarme fotografías. Me exigen mostrar una expresión de tristeza y se me ha dicho que esas imágenes son enviadas al Presidente de la República.
Determinen quién toma esas fotografías, con qué dispositivo, quién ordena tomarlas, a quién son enviadas y cómo imágenes obtenidas dentro de una cárcel de máxima seguridad terminan posteriormente en poder de autoridades políticas. También pedí un rosario para rezar. Me respondieron que estoy en el infierno y que aquí no me van a dar nada. No me dieron el rosario. Ni siquiera me permiten encontrar refugio en mi fe. Pido a todos los organismos, prensa nacional e internacional:
PIDAN LAS CÁMARAS.
Exijan que se preserven inmediatamente y sin alteración todas las grabaciones de El Encuentro desde mi ingreso el sábado 29 de agosto. Las cámaras de mi celda. Los corredores. Mis traslados. Los momentos de alimentación. Mis solicitudes de ayuda y atención médica. Las alertas generadas por el sistema. Las agresiones que denuncio. Los momentos en que me arrodillan y fotografían. Exijan también la preservación de los archivos originales de esas fotografías, sus metadatos y registros de transmisión, las bitácoras de los funcionarios que me custodian y los registros del dispensario médico. Estoy pidiendo que no me torturen, que respeten mi dignidad y que protejan mi vida.
Desde este momento, el Presidente de la República, el Ministro del Interior, las autoridades penitenciarias y quienes tienen a su cargo mi custodia conocen públicamente esta denuncia. Si algo me ocurre, nadie podrá decir que no fue advertido. A mi familia le digo que estoy Firme. A quienes todavía conservan conciencia dentro de las instituciones les pido una solo que no destruyan la evidencia.





