La algarabía, alegría, el ambiente festivo y días de descanso por motivo del aniversario de Independencia de Cuenca, que este miércoles cumple 201 años, se vio opacada por actos de corrupción.
Sí, corrupción, y no me refiero a la corrupción política (a la que estamos acostumbrados y ya no sorprende), sino peor aún, la corrupción ciudadana, que se reflejó en la venta de boletos para los conciertos gratuitos organizados por la municipalidad.
En días pasados, en los alrededores del estadio «Alejandro Serrano Aguilar» se vieron filas de personas que trataban de conseguir una entrada y ya se denunció la venta de puestos.
Sin embargo, llamó la atención y creo que indignación, ver como algunos aprovechados ofertaban las entradas para dichos conciertos en los grupos de ventas que existen en las redes sociales, como si se tratase de eventos pagados, a pesar de que en los boletos decía claramente «PROHIBIDA SU VENTA».
¡Corruptos!, tanto quienes los vendieron, así como quienes las compraron o acaso no es corrupción aprovecharse de un evento organizado con fondos públicos, gratuito, para la ciudadanía.
Capaz que son estos «ciudadanos» los que primero se quejan de la falta de honestidad de ciertas autoridades de turno y políticos, cuando ellos son igual o hasta peor.
Acciones como estas son una muestra de la pérdida de valores y hasta de vergüenza, y me llevan a cuestionar dónde quedó ese «título» de «Atenas del Ecuador» para una ciudad supuestamente «cultural».
¿Cultura en corrupción será?
Cuenca aún mantiene «bajos índices de delincuencia», pero las actitudes de los habitantes en cuestión demuestran lo contrario.
No pretendo ser negativo, amo mi ciudad al igual que la mayoría de cuencanos, así que no dejemos que su buen nombre se empañe.
No permitamos que mueran los valores como la honestidad y el respeto, valores que se aprenden en casa.
El cambio de verdad, evitar que la comunidad se corrompa más, dependerá únicamente de nosotros, de todos quienes precisamente conformamos la sociedad. (O)





