Gurbias y formones en las hábiles manos del maestro Julio César Jimbo Sinchi, transforman a los troncos de nogal y cedro, en magníficas imágenes que son veneradas por el pueblo católico en el Ecuador y otras latitudes del mundo.

El maestro, de 89 años, contó que la mayor parte de su vida trabajó en su taller ubicado en María Auxiliadora, pero a raíz de la muerte de su esposa, hace dos años, sus fuerzas mermaron y ahora tiene en su casa, situada en el barrio Bellavista, al norte de Cuenca, un espacio para dedicar unas horas a su pasión de tallar esculturas de madera.
Julio César dice que el arte lo lleva desde niño y lo demostró cuando en la escuela de su natal parroquia Sinincay, su profesor le nombró ayudante para enseñar a sus compañeros a dibujar. Cuando joven salió a la ciudad para perfeccionar su habilidad innata de tallar madera, de la mano del maestro David Filormo Quizhpe.
Con humor recuerda que le gustaba mucho la música y durante su juventud aprendió a tocar varios instrumentos, pero su maestro de escultura le desanimó, porque le decía que los músicos son borrachos y llevan una mala vida.
Entre las decenas de sus obras recuerda su primer trabajo, un conjunto escultórico del Nacimiento de Jesús, que lo conserva como un recuerdo de sus inicios en el arte que marcó su vida.

Sus obras están varias iglesias de Cuenca, entre ellas en El Vergel y Cristo del Consuelo y a nivel del país en todas las provincias y en casas de familias católicas; además en España, Alemania, entre otros países, según los registros que guarda en tres grandes libros, que son parte de su tesoro artístico.
Una de las imágenes que le ha merecido varios reconocimientos es la de Cristo del Consuelo, mide 1,70 metros de alto, y es venerado en Guayaquil con multitudinarias procesiones, durante la Semana Santa.

Jimbo cree que entre las características que lo distingue de otros artesanos de su época está el haber desarrollado la técnica de confeccionar los ojos con vidrio fundido, el tratamiento de la madera para que no entre la polilla, el manejo cuidadoso de los colores y el amor a Dios que lo expresa en cada obra.
Julio César Jimbo estuvo casado con María Mercedes Tenecela con quien procreó cuatro varones y ocho mujeres, de los cuales dos hijos siguen los pasos de su padre.

El último contrato fue enero de 2019, de ahí en adelante las hojas del libro de registros están en blanco, ahora la historia la escribe en la intimidad de su familia y el silencio de su taller, en el cual guarda imágenes de un Cristo Agonizante, un Cristo Resucitado y otros santos, que pueden ser adquiridos por congregaciones religiosas o coleccionistas de obras de arte.
Los interesados en adquirir sus obras pueden contactarse con el maestro Jimbo, a través de los teléfonos 834170 y 0969016965. (I)





