La muerte de Renee Nicole Good, una mujer de 37 años baleada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante un operativo migratorio en Minneapolis, Minnesota, desató este miércoles una ola de indignación y protestas en distintas ciudades de Estados Unidos, incluida Nueva York, donde decenas de personas exigieron justicia y el fin de las redadas contra migrantes.
Desafiando las bajas temperaturas, manifestantes se concentraron frente a la sede de ICE en Manhattan para denunciar lo que califican como un uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades migratorias. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, calificó el incidente como “horrible” y se sumó a los llamados para esclarecer lo ocurrido.
Según los reportes oficiales, el hecho ocurrió cuando agentes de ICE realizaban un operativo en Minneapolis y le ordenaron a Good que detuviera su camioneta. Segundos después, cuando la mujer intentó avanzar con el vehículo, uno de los oficiales abrió fuego. Un video grabado por un vecino muestra escenas de caos y confusión tras los disparos.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que el operativo formaba parte de una serie de redadas migratorias en Minnesota, donde se ha reportado la detención acumulada de más de 1.000 migrantes, incluidos ciudadanos de Ecuador, México y El Salvador. Solo el lunes previo al incidente se registraron más de 150 arrestos, la mayor operación migratoria en lo que va del año en ese estado.
La gravedad del suceso llevó al gobernador de Minnesota, Tim Walz, a declarar el estado de emergencia y a ordenar que la Guardia Nacional se prepare ante posibles episodios de “agitación civil”. Walz calificó la muerte como “innecesaria” y “prevenible”, y advirtió sobre una “situación caótica” provocada por el mayor despliegue de agentes federales sin coordinación con las autoridades locales, evocando las protestas masivas de 2020 tras la muerte de George Floyd en Minneapolis.
Por su parte, Tricia McLaughlin, subsecretaria del DHS, ofreció una versión distinta de los hechos al afirmar que Good era “una alborotadora violenta” que habría usado su vehículo como arma para intentar atropellar a los agentes, calificando el hecho como un “acto de terrorismo interno”. Según el DHS, el agente que disparó actuó de forma defensiva al “temer por su vida”.
Mientras tanto, investigaciones federales y estatales continúan en curso para determinar las responsabilidades en el caso, que se ha convertido en un nuevo punto de tensión en el debate nacional sobre las políticas migratorias y el uso de la fuerza por parte de las autoridades federales.





