Mantener hábitos saludables y realizar controles médicos periódicos puede marcar una diferencia clave en la prevención de enfermedades renales, una condición que muchas veces avanza de forma silenciosa y se detecta cuando ya ha provocado daños significativos.
En Ecuador, la enfermedad renal crónica se ha convertido en un desafío creciente para el sistema de salud, de acuerdo con datos difundidos por el Ministerio de Salud Pública (MSP), la prevalencia de pacientes con insuficiencia renal crónica en tratamiento alcanza aproximadamente 1.074 casos por cada millón de habitantes, mientras que la incidencia se sitúa en alrededor de 206 casos por millón de personas, además, el número de pacientes que requiere terapia de reemplazo renal, como diálisis, continúa aumentando cada año.
“La prevención empieza con hábitos cotidianos: mantener una hidratación adecuada, llevar una alimentación balanceada baja en sal y ultraprocesados, y controlar la presión arterial y el azúcar en sangre, también es importante evitar el uso excesivo de antiinflamatorios, no fumar y realizar chequeos médicos regulares, especialmente análisis de sangre y orina cuando existen factores de riesgo”, explica Linares, nefróloga de Cleveland Clinic.
Entre las enfermedades renales que pueden prevenirse o retrasarse se encuentran la enfermedad renal crónica asociada a diabetes e hipertensión, las infecciones urinarias recurrentes, el daño renal por algunos medicamentos y ciertos cálculos renales. Los especialistas señalan que las personas con diabetes, hipertensión, obesidad, antecedentes familiares o los adultos mayores tienen mayor riesgo, por lo que el control médico oportuno es clave para prevenir complicaciones.
En este contexto, el Día Mundial del Riñón, que se conmemora cada año en marzo, busca generar conciencia sobre la importancia del cuidado de los riñones y promover acciones de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento oportuno para reducir el impacto de estas enfermedades.
Los especialistas coinciden en que la educación en salud, el acceso a chequeos preventivos y la detección temprana son claves para evitar que una enfermedad silenciosa evolucione hacia etapas más graves que requieran tratamientos complejos como diálisis o trasplante.





