En Ecuador, los pronósticos deportivos dejaron de ser un fenómeno silencioso para convertirse en una industria que mueve millones y crece aceleradamente, sin que exista todavía un marco normativo integral que ordene su expansión.
Lo que antes era una práctica ocasional hoy se ha integrado a la cotidianidad de millones de personas, impulsada por la digitalización, el acceso masivo a smartphones y la arraigada cultura futbolera del país. Se estima que existen alrededor de 1.5 millones de cuentas en plataformas de pronósticos deportivos, con millones de ecuatorianos participando activamente, mientras que el volumen económico anual podría superar los USD 70 millones. Esto consolida un mercado con impacto directo en la economía digital que, sin embargo, continúa operando en gran medida sin un marco regulatorio claro.
Este crecimiento tiene además una geografía definida. Las ciudades de la Costa, especialmente Guayaquil, Manta y Machala, concentran gran parte de la actividad, impulsadas por altos niveles de conectividad, uso intensivo de dispositivos móviles y una relación cultural estrecha con el fútbol. Sin embargo, el fenómeno ya se ha expandido hacia la Sierra (Quito, Cuenca), evidenciando que no se trata de una tendencia regional, sino de un comportamiento nacional que atraviesa distintos segmentos de la población.
A pesar de su crecimiento sostenido, la industria se desarrolla en un entorno de vacíos regulatorios que generan riesgos concretos. Una parte significativa de la actividad opera sin estándares homogéneos, sin mecanismos robustos de protección al usuario y con limitada capacidad de supervisión por parte del Estado. Esto no solo expone a los consumidores, sino que también reduce la posibilidad de control y limita la captación de ingresos fiscales, estimados en USD 22 millones anuales. En la práctica, millones de dólares circulan en un sistema donde el control es parcial y la protección no está plenamente garantizada.
La experiencia internacional advierte sobre las consecuencias de este escenario. “Cuando no hay regulación, no hay control. Y cuando no hay control, se debilita todo el ecosistema: el usuario queda expuesto, el Estado pierde ingresos y el deporte enfrenta riesgos de integridad”, señala Mariana Chamelette, una de las voces más reconocidas en integridad deportiva en la región. Su advertencia no es teórica, sino el reflejo de mercados que han crecido sin una estructura normativa clara.
competiciones. El exseleccionado ecuatoriano Carlos Tenorio lo advierte con claridad: “Estamos frente a una realidad que ya existe y que mueve millones. No regular no la detiene; solo la empuja a la informalidad”. En la misma línea, Isaac Álvarez, presidente de Liga Deportiva Universitaria, enfatiza que la integridad deportiva no se defiende únicamente con sanciones, sino con sistemas de control, trazabilidad y educación.
En este contexto, el debate deja de ser ideológico y se vuelve estratégico. “La discusión no es si se permite o no, sino cómo se regula bien. Los países que han avanzado han logrado fortalecer el mercado y hacerlo sostenible”, explica Cristina Romero, especialista en regulación del sector. La evidencia internacional es consistente: los modelos que combinan licenciamiento de operadores, equilibrio tributario, protección a la inversión extranjera y mecanismos de prevención de fraude han logrado reducir la ilegalidad, incrementar la recaudación fiscal y fortalecer la confianza del usuario.
Ecuador enfrenta así una decisión que ya no puede postergarse. Permitir que esta industria continúe creciendo sin regulación implica aceptar mayores niveles de informalidad, menor control sobre los operadores, más riesgos para los usuarios y una pérdida sostenida de ingresos fiscales. Avanzar hacia un marco regulatorio, en cambio, abre la puerta a la protección efectiva del consumidor, a la transparencia en el ecosistema deportivo y a la formalización de un mercado que ya mueve millones.
En este escenario, no actuar también es una decisión, y es la más costosa. Porque cuando el mercado avanza más rápido que la regulación, el riesgo crece al mismo ritmo. Pero cuando la regulación lidera, lo que se construye es confianza, desarrollo y sostenibilidad. Los pronósticos deportivos ya no son una tendencia futura, son una realidad instalada en el país. La pregunta no es si Ecuador debe actuar, sino cuánto tiempo más puede permitirse no hacerlo.





