Llevan guantes de tonalidad celeste, cascos con luz y bisturíes en sus manos. No son médicos, aunque su trabajo requiere la misma precisión y delicadeza que una intervención quirúrgica. Son los ocho restauradores que, desde hace cinco semanas, trabajan en el salón denominado “La Capilla”, ubicado en el segundo piso del antiguo Colegio Francisco Febres Cordero.
En este inmueble patrimonial, construido en 1883, los especialistas ejecutan una minuciosa intervención para recuperar la pintura mural del espacio. La obra está a cargo del Municipio de Cuenca, a través de la Unidad Ejecutora de Proyectos, y busca devolver al lugar parte de su esencia y valor histórico, que tiene una inversión de USD 9 millones.
Según la historia del inmueble, en este salón se reunían los Hermanos Cristianos para orar. El espacio cuenta además con un altillo que, de acuerdo con relatos históricos, habría sido destinado a los músicos. Por su significado y características, “La Capilla” es considerada uno de los espacios de mayor valor dentro de la edificación.

La arquitecta Ana Belén Guama, responsable de la restauración, explica que uno de los principales objetivos es recuperar la originalidad del lugar. Para ello, los especialistas deben retirar cuidadosamente hasta siete capas de pintura aplicadas a lo largo de los años, hasta encontrar los elementos originales.
La tarea exige paciencia y precisión. Los restauradores trabajan durante horas acostados, en cuclillas o en posiciones incómodas para alcanzar cada rincón de las paredes. El bisturí se convierte en una de sus principales herramientas para retirar milímetro a milímetro las capas que cubren la pintura original.
“Es como una operación de alto riesgo”, explica Guama al referirse a la delicadeza de la intervención, pues cada movimiento debe realizarse con extremo cuidado para no afectar los vestigios originales.
Entre quienes forman parte de este equipo está Pablo Encalada, restaurador que asegura sentirse privilegiado de participar en la recuperación de un espacio con tanta historia y significado para Cuenca. La intervención, señala, representa también una oportunidad para preservar el legado arquitectónico de la ciudad.
Encalada utiliza aproximadamente tres bisturíes al día durante su trabajo, una muestra de la minuciosidad que demanda la restauración. Se estima que la intervención de “La Capilla” concluya en aproximadamente cinco meses. Una vez recuperado, el espacio tendrá un nuevo uso y será destinado a funcionar como auditorio.
La arquitecta Karén Molina, integrante del equipo de trabajo, destaca otra de las particularidades del inmueble: su construcción mixta, que incluye el uso de adobe, una técnica tradicional que también se mantiene en los trabajos de recuperación.
Por esta razón, las paredes que requieren reconstrucción son intervenidas utilizando técnicas compatibles con las originales, con el propósito de respetar las características constructivas del inmueble patrimonial.
Los trabajos también se extienden a la cubierta. El tejado está siendo retirado cuidadosamente para su preservación y posterior recuperación. Debido a sus características y dimensiones, las piezas serán restauradas y colocadas nuevamente, conservando la técnica tradicional que le da su particular apariencia.

Molina informó que el avance general de la obra alcanza aproximadamente el 10 %. El proyecto contempla además la incorporación de nuevos espacios y servicios que permitirán darle una nueva vida al antiguo inmueble.
En la edificación antigua estará destinado para locales comerciales, salas de arte, un espacio destinado para la Bienal, aulas talleres, área de coworking, auditorio, biblioteca, salón audiovisual, oficinas, etc.
Además, se construirá un nuevo bloque, en el que se implementará una terraza con un espacio de “rooftop”, área destinada para la gastronomía y zonas de descanso.
Mientras que la plaza central será el lugar para la cultura, para presentaciones artísticas como teatro.
Así, detrás de cada bisturí, cada capa de pintura retirada y cada pieza de adobe recuperada, se encuentra un objetivo común: preservar la memoria arquitectónica de Cuenca y devolverle a este inmueble patrimonial un nuevo uso sin borrar las huellas de su historia.
Datos
El antiguo colegio Francisco Febres Cordero es una de las 5.000 edificaciones patrimoniales del Centro Histórico.
El torneo del Mundialito de los Pobres, que se efectuaba en está edificación inicio en 1964 y hasta el 2017 funcionó como institución educativa.





