4 de noviembre de 1920. Los cuencanos recibían con vítores y júbilo al primer avión que surcó los andes ecuatorianos, el biplano ‘Telégrafo I’ pilotado por el italiano Elia Liut desde Guayaquil y que aterrizó en un improvisado campo en la entonces quinta Jericó, actual sector El Salado.
Aquella gesta, que significaría para Cuenca y para el Ecuador una nueva era de cambios y progreso, será recreada hoy por el piloto cuencano Juan Rodríguez.
Entre los años 1910 y 1920, la ciudad vivía una época de desarrollo con la llegada del primer automóvil, la primera planta eléctrica, la primera bicicleta, la implementación de la telefonía automática y gozaba de una autonomía cultural adquirida, acontecimientos que le posicionaron como la tercera ciudad más importante del país.
El 3 de noviembre de 1920, la urbe celebraba 100 de independencia y la Junta del Centenario, presidida por Octavio Cordero Palacios, propuso patrocinar el viaje del capitán Elia Liut como parte de los festejos. Aquel vuelo trajo el primer correo aéreo y el 4 de noviembre de 1920 fue la primera vez que los cuencanos leyeron el mismo día el diario El Telégrafo, que solía llegar con días de retraso.

“La llegada de Elia Liut y del primer avión no solo consistió en un acto conmemorativo por los 100 años de independencia, el progreso de la urbe en la primera y segunda década del siglo pasado la distinguió de las demás ciudades, Cuenca se fue abriendo camino y el aterrizaje del ‘Telégrafo I’ marcó hitos importantes en los ámbitos económico, social, cultural y político”, asegura el investigador Jaime López Novillo.
Se empezó a hablar del transporte de pasajeros, de carga, del correo y las distancias entre ciudades se acortaban, y es que aparte de constituir una verdadera odisea, los viajes en aquella época se hacían a lomo de mula y el traslado de productos a “lomo de indio”.
Uno de los capítulos importantes que menciona el investigador, es el impulso de la aviación comercial de la mano de distintas compañías, aunque irónicamente, subraya, es uno de los servicios que históricamente se ha manejado con deficiencia, pues no se ha logrado satisfacer 100 por ciento a comerciantes y ciudadanos.
Además, los desplazamientos aéreos dinamizaron en ese tiempo los mercados y la industria. “La facilidad de transportar la mercadería propició las exportaciones e importaciones no solo de Cuenca sino del país”, menciona López Novillo.
El historiador Diego Moscoso Peñaherrera, autor del libro ‘Elia Liut Giusti: el Cóndor Andino’, coincide en que tal hazaña abrió el horizonte en beneficios para el Gobierno, los comerciantes, industrias y el pueblo en general. Menciona la creación de la Escuela de aviación ‘El Cóndor’ en 1921 en Durán, un precedente para el nacimiento de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.
Asimismo, los cuencanos empezaron a cohesionarse con los habitantes de la Capital y de otras ciudades, lo que derivó en un marcado desarrollo del turismo.
Vuelo

La propuesta inicial para Elia Liut fue trasladar el biplano Macchi – Henrit HQ (con un motor de 80 caballos de fuerza) desde Guayaquil hasta Huigra por ferrocarril y desde allí un grupo de guanderos (indios preparados como cargadores) estarían listos para llevarlo hasta Cuenca, pero él se negó tenazmente por considerarlo “denigrante”. Se ofreció a volar desde Guayaquil con ayuda de sus com patriotas, Ferruccio Giucciardi (piloto) Giovanni Fedelli (mecánico) y Enrique Casini (ingeniero).
Elia Liut partió el 3 de noviembre de 1920 desde Guayaquil, pero el mal clima impidió que se concretara el viaje. No faltaron quienes aseguraron que todo era un fiasco. Otros aseguraban que era imposible trasmontar la Cordillera en “esa cometa”. El intrépido piloto no se dio por vencido y al siguiente día cumplió la hazaña siguiendo la ruta Guayaquil-Naranjal-Molleturo-Cuenca.
Los cuencanos trepados en los techos habían estado pendientes del avión, que después de dos horas de vuelo enfiló hacia la quinta Jericó donde observó la marca hecha por Giucciardi, quien con anterioridad preparó la pista de aterrizaje colocando sábanas de cama en forma de cruz sobre el potrero de la quinta. Señal inequívoca del sitio donde debía descender. Allí le esperaban las autoridades y miles de cuencanos.
En la obra ‘Cuencanerías’ de Antonio Lloret Bastidas se cuenta que por algunos sitios de la provincia del Cañar por donde cruzó el biplano a baja altura en busca de la ruta a Cuenca, hubo sustos y muertes y una mujer de la plaza en Cuenca sufrió muerte súbita al divisar a la máquina voladora que rugía con su hélice de madera y movía sus alas de lona. Pero la multitud colmó los lugares aledaños al campo Jericó.
Entre los promotores del épico vuelo trasandino figuran José Abel Castillo, propietario del biplano y entonces director del diario El Telégrafo, además de los azuayos Octavio Cordero Palacios, Alfonso Ordóñez Mata, Remigio Crespo Toral, Rafael María Arízaga, Honorato Vázquez y Roberto Crespo Ordóñez, entre otros.

Elia Liut, el ‘Cóndor Andino’

Elia Liut nació en 1895 en el norte de Italia, fue héroe de guerra. Conquistó en el pueblo italiano de Coltano, el 9 de diciembre de 1918, el récord mundial de velocidad piloteando un aeroplano Marchetti a 274 km por hora.
Radicado en Ecuador desde 1920, después de una estadía en Argentina, el capitán fue desde entonces un ecuatoriano más y pionero de la aviación nacional. En Cuenca fue aclamado como vencedor de los Andes, llamándole ‘Cóndor Andino’.
En el Museo Remigio Crespo se guarda su traje de aviador y la brújula que le guió en el vuelo del 4 de noviembre de 1920. Elia Liut murió en Quito el 12 de mayo de 1952. Su esposa Carmen Angulo, pocos días después de la muerte, el 20 de mayo de 1952, entregó a Cuenca las medallas, trofeos y condecoraciones ganadas por Elia Liut y se conservan en el museo Remigio Crespo. (I)





