El mundo dejó de avanzar contra el hambre. El Índice Global del Hambre (GHI) 2026, elaborado por Welthungerhilfe, Concern Worldwide, Instituto de Derecho Internacional de la Paz y de los Conflictos Armados (IFHV), y presentado en español por la organización internacional Ayuda en Acción, sitúa la puntuación mundial en 18,1, por encima del 17,6 del año 2018. Es la primera vez desde el año 2000 que la cifra sube entre dos años de referencia. Mientras tanto, 32 países tienen hoy más hambre que en 2018 y 57 no llegarán a un nivel bajo en 2030 si siguen como van.
Ecuador aparece en el puesto 54 de 122 países, con 10,3 puntos, en la categoría «moderada». Pero el informe esconde una alerta que el promedio no muestra: 17,7% de las niñas y niños menores de cinco años tiene retraso en el crecimiento, un nivel muy alto según los umbrales del propio estudio.
El dato que Ecuador no puede ignorar
Tercero en América del Sur. Con 10,3 puntos, Ecuador es el tercer país con más hambre de los 12 de América del Sur, solo detrás de Bolivia (14,2) y Surinam (11,4). Es uno de apenas tres países sudamericanos que siguen en nivel «moderado»; los otros nueve ya están en «bajo». Hay un matiz a su favor: es el único de los tres que mejoró desde 2018, con la tercera mayor reducción del continente (−11,2%), tras Venezuela (−46,7%) y Guyana (−33,3%).
La comparación con Perú ilustra lo que está en juego. En el año 2000, Perú tenía más hambre que Ecuador (21,1 frente a 19,1). Hoy Perú está en nivel «bajo» con 6,5 puntos, y el informe le atribuye la mayor reducción de la región desde entonces.
Entre los países de América del Sur incluidos en el índice, ninguno tiene una tasa de retraso en el crecimiento infantil tan alta como Ecuador. El 17,7% ecuatoriano supera a Bolivia (13,8%), Venezuela (11,7%), Colombia (11,6%), Argentina (10,7%) y Perú (10,6%). En toda América Latina y el Caribe solo lo superan Guatemala (44,6%), Haití (21,6%) y Honduras (17,9%).
El retraso en el crecimiento refleja desnutrición crónica: un daño que, según el informe, puede ser irreversible cuando ocurre durante el embarazo y los dos primeros años de vida, y que acompaña a la persona hasta la adultez.
Hay más señales de alerta. La subalimentación en Ecuador es de 10,8% (2023–2025): menor que el 11,4% de 2017–2019, pero más alta que el 8,5% de hace una década (2011–2013). Los países vecinos están en otro escalón: Colombia registra 4,1% y Perú 5,7%, y ambos ya figuran en la categoría de hambre «baja» (6,1 y 6,5 puntos). La puntuación ecuatoriana también supera el promedio de América Latina y el Caribe (7,4).
Un mundo con más armas y menos comida
El informe de este año lleva un título que es también una advertencia: «No hay seguridad sin seguridad alimentaria». Los números lo respaldan:
- En 2025 hubo 65 conflictos armados estatales, la cifra más alta desde 1946. Los conflictos fueron la causa principal de inseguridad alimentaria aguda para 147,4 millones de personas en 19 países y territorios.
- Por primera vez desde que existen estos informes, se confirmó hambruna en dos crisis distintas el mismo año: Gaza y Sudán.
- El gasto militar mundial alcanzó 2,887 billones de dólares en 2025, su undécimo año seguido de crecimiento. En paralelo, la ayuda oficial al desarrollo cayó en 2024 y 2025 y se prevé que vuelva a caer en 2026.
- De los 000 millones de dólares necesarios para responder a las crisis alimentarias en 2025, a finales de octubre solo habían llegado 10.550 millones. Un escenario de recorte drástico podría provocar 5,4 millones de muertes adicionales de menores de cinco años.
- Unos 645 millones de personas enfrentaron hambre en 2025.
La receta existe: agua, derechos para mujeres, niñez y producción local
El GHI 2026 deja claro que ningún país reduce el hambre con una sola intervención. Los casos de éxito que analiza, como Nepal, Bangladés o Camboya, combinan educación de las madres, agua y saneamiento, salud y nutrición materna, reducción de la pobreza y protección social. El informe pide además invertir en sistemas alimentarios locales y regionales, infraestructura rural y cadenas de valor que vayan del procesamiento al mercado.
Y justamente esa es la agenda que Ayuda en Acción impulsa en Ecuador desde hace 40 años, con más de 680.000 personas beneficiadas. Lo hace a través de cinco ejes que coinciden con las palancas que señala el informe: gestión social y ambiental del agua, cadenas productivas sostenibles, derechos de la niñez y la adolescencia, derechos de las mujeres, movilidad humana y ayuda humanitaria.
«El índice nos dice que el progreso es multicausal. Llevar agua segura a una comunidad, fortalecer la producción rural o proteger los derechos de una niña no son acciones aisladas: son las piezas que, juntas, cambian vidas. Lo vemos cada día en territorio», señala Fiorella Mackliff, directora País de Ayuda en Acción en Ecuador.





