La prospección arqueológica consiste en la búsqueda sistemática de evidencias materiales, cuyo procedimiento se realiza a través de la observación en el terreno, el uso de fotografías aéreas y la excavación.

Así, en el sitio arqueológico de Tuñi ubicado en la parroquia Güel (Sígsig), mediante prospección arqueológica se reconoció un sistema de terracería que desciende desde la parte alta del cerro Nuba hasta el río Sambo Rancho. Las terrazas fueron diseñadas a manera de plataformas rectangulares y simétricas (miden entre 15 a 25 metros, dependiendo de la topografía), con muros verticales de piedra que llegan a medir alrededor de un metro de alto y, según el terreno, su longitud varía entre 40 y 110 metros. Esta particularidad permite la concepción de una obra monumental de tipo agroecológico.

El terraplenamiento característico de las terrazas evidencia un sistema agrícola permanente, en el que el suelo es desecado y conservado en su lugar, de esta forma se evita la pérdida de su fertilidad e incluso ésta puede mejorar progresivamente. La función de las terrazas es precisamente impedir que el agua que se deposita sobre ellas fluya a velocidad por su superficie arrastrando las partículas finas del suelo gracias a sus planos diseñados a nivel. Por su parte, los muros de contención retienen el material grueso de arrastre y permiten únicamente la salida del material fino que se ha disuelto producto de la filtración de agua.

Los factores climáticos y atmosféricos favorecieron la invención de tecnologías agrícolas propicias para el cultivo de una variedad de plantas, como es el caso de las terrazas que, pese a los relieves escarpados y pendientes abruptas, posibilitaron la práctica agrícola. Los cañaris fueron quienes habitaron esta región, de forma milenaria, desarrollando un complejo sistema de organización social, además de conocimientos avanzados en agricultura, hidráulica, arquitectura, ensayaron todos los medios de producción al alcance de sus manos, en las laderas andinas, construyendo verdaderas obras de ingeniería agrícola, junto con sistemas de riego como canales y acequias.
Las terrazas favorecieron el control y administración de la producción en nivel de escala local y regional, logrando un nivel de fortalecimiento de las capacidades organizativas de las sociedades prehispánicas. La lógica de su ubicación fue estratégica para un manejo exitoso de factores climáticos tales como la humedad, los vientos y heladas; así como controlar la correcta distribución del agua.
Autor: Miguel Ángel Novillo Verdugo





