La otrora ciudad de paz, deberá reunir a varias voluntades a fin de analizar los factores que originan la violencia y la inseguridad ciudadana, así como también las soluciones a corto, mediano y largo plazo que se defina en una gran “Asamblea por la Seguridad de Cuenca”. No dejará de ser importante las propuestas que deberán ser emitidas por las autoridades que tienen que ver con la problemática; sin embargo, la participación ciudadana y el derecho a la ciudad serán factores que incidan sustancialmente en la toma de decisiones que se adopten en el referido espacio ciudadano. Esta asamblea ciudadana deberá exigir al gobierno nacional la construcción de un plan integral de seguridad, con la suficiente dotación de recursos y que deje de ser un estado de hecho, que se ha desentendido de su obligación de proteger al ciudadano, en dónde el caos y la justicia con mano propia, no sean las acciones determinantes para la lucha en contra de la inseguridad.
Sabemos que mejorar la seguridad lleva tiempo y trabajo, pero estamos convencidos que debemos transitar por el camino correcto, dando paso al poder de la acción comunitaria. Se hace necesario la prevención del crimen a través del rediseño del espacio urbano, logrando ambientes más seguros de maneras más inteligentes y menos costosas, donde se fomente la comunicación entre los vecinos y su sentido de pertenencia, permitiendo mecanismos de cohesión social con más y mejores lugares dedicados al deporte y a la recreación.
No hay manera de erradicar por completo el delito, pero sí es posible reducir significativamente su impacto en la vida comunitaria. La ciudad debe garantizar la seguridad e integridad física y psíquica de todos sus habitantes. La ciudad debe adoptar medidas para luchar contra la violencia en los hogares, en las escuelas y en contra de los más vulnerables. A tal efecto se deberá potenciar la convivencia, la mediación y el diálogo. Trabajar por una ciudad inclusiva y habitable, reduciendo las desigualdades. Estoy convencido que antes de cambiar la ciudad hay que conocerla a fondo y eso implica entender dónde está su vitalidad. Para ello las autoridades tienen que bajar a la calle, hablar con la gente, descubrir el maravilloso entramado de relaciones, conocer al vecino, conformar redes, mezclarnos con los diferentes, saludarnos y volver a reír en el espacio público. Recuperar la vitalidad de calle es la clave.
La seguridad ciudadana no trata simplemente de la reducción de los delitos sino de una estrategia exhaustiva y multifacética para mejorar la calidad de vida del ciudadano, de una acción comunitaria para prevenir la criminalidad, del acceso a un sistema de justicia y de una educación que esté basada en los valores, el respeto por la ley, la tolerancia y el amor fraterno. (O)





