La perspectiva étnica no constituye la única dimensión de los estudios interculturales, estos cruzan otras arenas relacionadas con las migraciones, las identidades de género, las prácticas culturales, la historia, el arte y otras formas de convivencia social sostienen las académicas Marjorie Tovar-Correal y Liliana Pedraja-Rejas. En este sentido, la interculturalidad alude a una perspectiva transversal que atraviesa diversos espacios de interacción social y educativa y que se relaciona con más de una problemática social.
La perspectiva de los estudios interculturales (en adelante, EI) examina la configuración de las relaciones entre grupos culturalmente diversos, así como las formas en que estas inciden en los procesos educativos y las posibilidades de transformar las prácticas pedagógicas para avanzar hacia escenarios más equitativos e inclusivos. En este marco, los EI ponen el foco de atención en contextos atravesados por desigualdades, tensiones sociales y diversas formas de violencia, dado que estas condiciones generan efectos estructurales en la vida social de las poblaciones históricamente excluidas.
Los EI aportan al sistema educativo herramientas teóricas y metodológicas que permiten comprender los conflictos, reconocer la pluralidad de saberes y promover prácticas de diálogo, reconocimiento y justicia social, a la vez que proponen referentes conceptuales orientados a que la diversidad cultural presente en las aulas interactúe en condiciones de igualdad.

Los espacios educativos reúnen a personas con trayectorias sociales, culturales, lingüísticas, étnicas y de género diversas; por ello, reconocer estas diferencias no solo implica identificarlas, sino también valorarlas como una oportunidad para enriquecer los procesos de aprendizaje colectivo. Asimismo, consolida un proyecto educativo común en el que cada sujeto, desde su propia riqueza y experiencia, participa y aporta al proceso educativo.
En este marco, el papel de los docentes resulta fundamental para llevar la interculturalidad a la práctica, porque son ellos quienes, a través de sus decisiones pedagógicas y de las dinámicas que promueven en el aula, pueden hacer posible la incorporación de enfoques interculturales en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esto implica integrar contenidos culturales diversos en las asignaturas, reflexionar críticamente sobre la producción del conocimiento en cada disciplina y adaptar las estrategias de enseñanza a estudiantes provenientes de distintos contextos sociales y culturales. Es así que tanto docentes como la ciudadanía en general, según Gunther Dietz, pueden contribuir a reducir visiones esencialistas de la cultura y avanzar más allá del mero reconocimiento de la diversidad (multiculturalidad) para promover formas de interacción (interculturalidad) diálogo y negociación entre grupos culturalmente diversos.

Por todo lo expuesto, los estudios interculturales resultan estratégicos para analizar críticamente estas tensiones y proponer alternativas educativas concretas e inclusivas. Más que limitarse al reconocimiento de la diversidad, la interculturalidad propone cuestionar las estructuras de privilegio y generar condiciones para interacciones sociales más justas que permitan a las personas superar las situaciones de exclusión en las que se encuentran. Estas condiciones de exclusión no responden a decisiones individuales, sino a dinámicas estructurales que operan de manera silenciosa y naturalizan quién puede o no acceder a la educación, a un trabajo digno o a condiciones de vida que garanticen el ejercicio pleno de sus derechos.
Autora: Fanny Tubay Zambrano





