Todos los caminos conducen a Cuenca, y en la actualidad, si no es así, debería serlo, puesto que es una de esas ciudades que todo el mundo, si tiene ocasión, debería visitar en algún momento de su vida. Ella toda es poesía que firma sin cesar el pulso cristalino de sus ríos, el visitante que vaga por sus calles levanta la mirada y encuentra que cada una de éstas termina en el marco sugestivo de un monte, de una arbolada o de un puente que se insinúa como un signo musical sobre la muchedumbre de las aguas. Disfruten de Cuenca y de su historia acumulada, pero, por encima de todo, déjense llevar por aquello que el arte es capaz de transmitir a nuestros inquietos sentidos, ya que sin lugar a dudas Cuenca es una ciudad para disfrutarla pero sobre todo, para sentirla.
Cuenca la de Guapondelig es un jardín de agua, es agua congregante, ciudad que nos cobija a todos, lugar de nuestros amores y nuestros sueños, del trabajo y de la amistad, del sol y de la lluvia. Paseando por tus calles, con ese olor a otros tiempos, tiempos memorables ya pasados, por tus calles me enamoré y por tus calles encontré a mis musas, y encontré a las más bellas gentes. Cuenca, que albergaste a tres culturas amplias y bastas, casas abrazadas del recuerdo y su cielo, murmuran inquietas con sus patios y huertos, sauces, retamas, gorriones y jilgueros, revolotean por los techos de arcilla encantada. Cruzan su cuerpo las líquidas arterias, bañando sus campos bondad y verdor. Cuenca, encerrada en recuerdos, cuna humilde de gente sencilla, Cuenca policromía pintada en el rostro, de su gente abierta como la ventana ausente. Recuerdos humedecen las mejillas de las cholas, zapateando en adoquines de la añeja morlaquía.
Miradas vigilantes empinadas al cielo, las bellas colinas y valles ausentes, retornan a la mente de memorias abuelas cargadas de fuentes de cristalinas mañanas. Cuenca tu eco es historia labrada, entre surcos de dolor y nostalgia, la inocencia de los andes convida al mundo una ciudad, soberana y eterna, esta urbe no es solo territorio, es también esencia legendaria, grabada con la imaginación y bondad de su gente, los recuerdos de esta tierra se hilvanan entre tejas, adoquines, canciones y poesía. Bella ciudad déjame recordarte, recordando a los abuelos y a los padres ausentes. Ciudad, déjame amarte, con el amor de tu gente, ciudad, déjame cuidarte con la centinela de mis ojos, ciudad, déjame servirte con el aliento de mi alma.





