El espacio aéreo urbano de Cuenca patrimonio de la humanidad, se está perdiendo bajo una maraña de cables que, sin orden ni control, invaden los postes, atraviesan las calles y cruzan las fachadas sin importar el tipo de sus edificaciones. Son las telarañas o tallarines que han creado algunas empresas que prestan servicios de energía eléctrica, televisión por cable, telefonía e Internet en la ciudad. Se trata de malos tendidos que crecieron sin tener en cuenta la estética urbana.
Enredada como la maraña de cables que hay en cada esquina parece la materialización de un plan y una normativa que permita liberar el espacio aéreo de la ciudad, de las antiestéticas telarañas que atentan contra el paisaje urbano y el entorno visual de quienes tenemos el privilegio de habitar en esta urbe fascinante. Además, constituyen un riesgo para los ciudadanos, el mayor peligro de una ciudad con tendidos aéreos es frente a un temblor o terremoto, porque pueden caer encima de las personas, las redes de energía pueden ocasionar cortos circuitos, apagones, incendios. El crecimiento de la ciudad con su consecuente demanda de servicios públicos informáticos y energéticos, históricamente tejió una gran telaraña urbana que ensucia el entorno y estropea el paisaje.
Para ello, se debe crear una mesa intersectorial con los operadores y entidades que hacen parte de estos procedimientos y definir un plan para realizar la subterranización, consistente en la instalación de tuberías que deben pasar por debajo del suelo, para desmontar el cableado aéreo. Hay que rechazar el eterno argumento de que subterranizar es muy costoso, cuando sale más caro no hacerlo porque el cable a la vista facilita el robo de cobre y del servicio de energía, aparte del peligro que atenta contra la vida.
Así, la expectativa de que algún día nos asomemos a las ventanas y balcones sin toparnos con la telaraña o muy conocido como tallarines en primer plano, se debe trabajar en forma conjunta con la norma debajo del brazo, diciéndoles a los operadores e instituciones se sumen a esta propuesta. Así se irá realizando progresivamente hasta lograr desterrar del paisaje urbano, esos antiestéticos y peligrosos cableados. Telarañas de cables se disputan cada centímetro del espacio aéreo en todos los rincones de la ciudad. Tenemos un conflicto de prioridad en las ciudades porque a algunos les parece más importante dejar los árboles mochos y sin ramas para permitir que toda esta maraña de cables pase por ese mismo lugar. Un giro de exigencia debe generarse en la ciudad, se debe construir una ordenanza municipal que obligue a soterrar las redes eléctricas y de comunicaciones. (O)





