Mahatma Gandhi, político y pensador hindú trasciende en la humanidad con su profunda frase, quizá parangonando con la felicidad. La una o la otra no es el fin del ser humano, es el camino, es todo un proceso. Inicio este artículo haciendo referencia al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, una instancia que provoca tensiones entre los países del orbe.
Más allá de este momento de la historia, amerita introducirnos en la esencia misma de la violencia y la paz, revisar las conquistas colonialistas y las invasiones del imperio, con el sojuzgamiento de los pueblos y entender cómo la colonia fue la base de la acumulación originaria del capital y premisa para el desarrollo de la sociedad capitalista. Ésta fue una de las etapas más bárbaras y sangrientas de la historia, sellada por la esclavización y el exterminio de millones de seres humanos, las guerras entre señores feudales, la explotación y expropiación violenta de tierras y la destrucción de las culturas; por consiguiente, sin el colonialismo, el capitalismo no se hubiera desarrollado.
La colonización tuvo lugar a la par con el reparto del mundo entre los grandes imperios de Europa y de América, que trajo consigo las guerras por el mercado mundial. La dominación tiene su propia estética y la dominación democrática tiene su estética democrática. Para el poder del capital la violencia y la dominación es un rasgo esencial de la historia de la humanidad; por ello, creen que es racional, justo y necesario.
La esencia del ser humano es la libertad y, al mismo tiempo, su existencia requiere ser reconocida por el otro, lo que le obliga a transitar por el camino de la lucha y la angustia de la vida y la muerte. Esta dramática dialéctica que nos horroriza, es la que ha imperado en toda la historia de la humanidad.
Nos sumergimos en la búsqueda de la equidad social y material, el respeto a las libertades, la ausencia de ejércitos, la convivencia pacífica con la diversidad étnica y la redistribución equitativa de la riqueza, todo esto con la influencia de la ética antiautoritaria del poder del capital.
No hay países ricos si no hubiese países pobres, por lo tanto, a los ciudadanos del mundo nos corresponde trabajar desde nuestra propia conciencia sobre la necesidad de luchar por la justicia y la equidad por una nueva humanidad, con valores por la paz, no solamente por la dejación de las armas, sino también en contra del neocolonialismo y a quienes con el capital buscan el poder político en nuestros países. La paz no se genera después de la guerra, la paz se encuentra en tu propio corazón. (O)





