Estudiar cómo se reproduce un orden social de género en las experiencias académicas de las y los estudiantes de la Universidad de Cuenca permitió comprender cómo la violencia de género (VG) se evidencia como la principal limitación, en razón de género, que condiciona las trayectorias estudiantiles.
Los resultados cualitativos de la investigación realizada muestran que las estudiantes enfrentan limitaciones académicas específicas en razón de género, entre las cuales la violencia aparece como la más persistente y estructural. La VG trunca, posterga o condiciona las trayectorias académicas, generando desigualdad en el acceso y la permanencia. Es perpetrada por distintos miembros de la comunidad universitaria, principalmente pares y docentes hombres. Del análisis de las experiencias estudiantiles se infiere que la institución no sólo es un espacio formativo de carácter cognitivo, sino también un espacio social emocionalmente significado.
Las experiencias subjetivas compartidas por las y los estudiantes ponen de manifiesto diferentes sentimientos y emociones asociadas a la vida académica. Mientras que los hombres tienden a percibir la universidad como un entorno relativamente seguro y propicio para su desarrollo, las mujeres expresan sufrimiento, miedo, asco o indignación en relación con vivencias de VG. Esto revela una marcada diferenciación de la experiencia universitaria según el género.
Las emociones que emergen en los relatos: impotencia, frustración, desesperación, inseguridad o culpa, revelan cómo la VG atraviesa la experiencia intersubjetiva en la que se construyen las trayectorias académicas. Esta se vuelve un lenguaje cotidiano, moldeando decisiones sobre qué espacios de la universidad frecuentar, cómo vestir, o si abandonar o postergar una materia para evitar a un posible agresor.

Las estudiantes que han enfrentado VG suelen recurrir a distintas estrategias para sobrevivir en un entorno que se percibe como no seguro para las mujeres. Sin embargo, en esas estrategias también se expresa su agencia: tejen redes de apoyo, generan espacios de escucha, denuncian situaciones de acoso y construyen repertorios de cuidado mutuo.

El camino hacia la igualdad de oportunidades requiere fortalecer las políticas institucionales existentes; pero, además, es imprescindible reconocer a las estudiantes como sujetas activas de transformación. Sus voces y sus experiencias abren caminos para construir una educación superior que garantice bienestar y justicia para todas las personas.
Autora: Fernanda Pacheco Lupercio





